La habitación no era muy grande pero para ella era un palacio. Estaba tumbada en la cama mirando como dormía ¿porqué se tenía que pasar el tiempo tan rápido? Había sido una noche mágica, de esas que sólo pasan una vez. Tenía que recordarlo todo, desde el primer beso, hasta la última caricia. Caricias que hacían que un escalofrío le recorriese todo el cuerpo.
Mientras estaba sumida en sus pensamientos algo la sobresaltó, el despertador ¡No podía ser ya mañana! Lo apagó lo más rápido posible pero él ya se había despertado y la miraba fijamente. Esos ojos la hacían sentir tan bien. El poder de una mirada nadie puede calcularlo, es quien la mira el único capacitado para descubrir de que puede ser capaz.
- Hola - dijo él en un susurro.
- Buenos días – contesto ella con una sonrisa.
- Ya es mañana – Intentó vocalizar él.
- Lo sé -
Entonces se abrazaron, un abrazo que hace que dos personas se conviertan en una sola, que hace que todo a su alrededor desaparezca, que hace que mañana no exista.
Pasaron minutos pareciendo segundos y el despertador volvió a sonar. Pero esta vez, al volverse después de apagarlo no la esperaba una mirada, sino un beso, el último beso que se darían.
miércoles, 27 de agosto de 2008
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